La empatía, el diálogo, la escucha y la comprensión son indispensables para lograr armonía en la sociedad...
En las páginas de este blog, buscaremos el camino hacia una mejor convivencia...
BIENVENIDOS A MI BLOG !!! "Líneas y Entre Líneas"...
... los invita a disfrutar , con otra mirada y con sus opiniones personales, de los encuentros y desencuentros en los distintos roles que hoy nos tocan vivir en la sociedad.
En este espacio, "La Educación" será el centro en torno al cual giren los distintos temas. A veces delirantes, otras veces reales, mutando de una expresión dura a una actitud tierna.
Así serán las interesantes propuestas y sugerencias hacia un mismo objetivo : "Convivir en Sociedad"
No voy a decir que quienes están a favor de la despenalización del aborto mienten y que los que están en contra navegan sobre la coherencia. Voy a decir que existe la posibilidad de darnos cuenta de que no podemos construir sobre lo falso, pero podemos construir sobre las verdades que existen detrás de los ocultamientos que nos arrojamos unos contra otros. ¡Podemos construir algo superador sobre lo valioso de cada uno!
Como sociedad podemos hacernos cargo de la angustia de las mujeres que sienten que una maternidad inesperada puede quitarles su vida, y también de proteger lo más posible la vida de los chicos por nacer. No perdamos la oportunidad.
¿No es raro un país en el que un diputado afirme durante el debate sobre el aborto que quiere terminar con la aplicación de cárcel a las mujeres que se lo hagan, cuando en la realidad él y todos los demás saben que no se aplica prisión absolutamente a ninguna mujer por ese delito? ¿No es más raro todavía que los antiabortistas estemos desesperados por mantener en el Código Penal unas penas que sabemos que no se aplican y, lo que es más extraño, que ni siquiera queremos que se apliquen en la realidad? Queridos conciudadanos, debemos preguntarnos qué nos pasa. Y luego de preguntarnos qué nos pasa debemos pensar qué es lo que queremos como código de convivencia en paz. No puede ser que para interactuar los argentinos optemos en forma permanente por comunicarnos con el código de la mentira.
Siempre habrá gente en los extremos, pero la enorme mayoría del centro del sistema democrático debe preguntarse qué valores quiere proteger para poder convivir en paz y para que se asiente sobre ellos la sociedad de nuestros hijos y nietos. Podemos tener creatividad y dar un ejemplo a otros países, en lugar de hacer seguidismo apocado de lo que otros hicieron, solo por pensar que lo extranjero es mejor.
Por lo que oí en el debate en la Cámara de Diputados, hay una mayoría muy marcada que cree que no hay que poner en una cárcel a una mujer que aborta. Casi todos queremos que no pase lo que de todos modos sabemos que no pasa. Nunca pasa. No hay ningún caso de una mujer presa por eso. Muy bien. ¿Por qué no lo decimos así? Hay una respuesta, por cierto: porque queremos proteger el valor de la vida del niño por nacer y en consecuencia no creemos que pueda eliminarse ese valor vida del código de convivencia por excelencia, que es el Código Penal. ¿No podemos buscar alguna intersección, algún punto de contacto entre ambas cosas, entre lo que queremos y lo que es?
Sospecho que debe de haber, además, otra mayoría: la de aquellos que pensamos que una cosa es que el Estado no meta presa a una mujer y otra cosa diferente es que el Estado, que es una entidad moral creada para resguardar los derechos de cada persona, se dedique a hacer abortos por sí mismo. Hay una diferencia entre descriminalizar y legalizar. Si esto le cabe en la cabeza a una mayoría, ¿por qué no somos capaces de escribirlo como norma? Es posible decir: "No habrá cárcel para las mujeres que aborten, pero el Estado no hará abortos". El propio proyecto votado ajustadamente por Diputados, que en los discursos parecía que eliminaba la cárcel y los abortos clandestinos, mantiene ambas cosas para los casos de embarazos de más de 14 semanas, en una nueva falsedad luego atenuada por otros ocultamientos o falsedades. ¿Por qué no probamos con la verdad? ¿Por qué no mantenemos en nuestro código de convivencia la defensa de la vida como valor esencial, en razón de que no se puede convivir si no se vive, pero dejando en claro y por escrito lo que casi todos queremos, que es que no habrá cárcel para los casos más leves?
¿Y si a lo anterior le agregamos una protección efectiva del Estado para las mujeres con embarazos no deseados, en la que el Estado las acompañe y se haga cargo efectivamente de vivienda, educación, atención médica y psicológica, permita la adopción del niño por nacer y la facilite? En ese caso, habríamos logrado unir la verdad con la solidaridad social y evitado miles de abortos potenciales y ayudado a miles de madres y formado miles de mejores familias.
Yo les pido por favor a mis colegas senadores que no nos embanderemos en bandos (valga la redundancia), que no hagamos política cabalgando sobre frases hechas y tonteras políticamente correctas, medias verdades, medias mentiras, mentiras enteras. Estamos para más. Podemos estar para más. ¿Podremos demostrarlo? Miles de chicos y de mujeres y de padres nos lo agradecerían eternamente.
Presidente provisional del Senado de la Nación Por: Federico Pinedo
La novela empieza con Edmundo Dantès volviendo a Marsella, donde se encuentra con su familia y sus amigos. Dantès está a punto de recibir una promoción a capitán, y también a punto de casarse con una bella catalana, Mercédès [sic, en francés] Herrera.
Sin embargo, el inocente Dantès no se da cuenta de cómo su fortuna afecta a los que él considera sus amigos. Danglars, el jefe de cargamento que envidia la promoción de Edmond, y Fernando, el primo de Mercédès que ama a esta, pretenden acusar a Edmond como agente bonapartista. Dantés, siguiendo la última voluntad del capitán del barco, que muere en el viaje de vuelta a Marsella, hace una parada en la isla de Elba donde se encontraba preso Napoleón. Este le da una carta dirigida a un hombre en París del cual sólo le dice el nombre, Noirtier. Al llegar a la ciudad y presos de la envidia, Danglars y Fernando redactan una carta anónima acusando a Dantés de agente bonapartista, en presencia del vecino de Edmond. Dantés es arrestado el día de la boda y es llevado ante Villefort, el sustituto del procurador del rey. Villefort le informa de que ha sido denunciado como espía de Napoleón pero que dada la buena reputación de Edmond no cree en la veracidad de la denuncia, además, le entrega la carta que había recibido del emperador la cual contiene los horarios de los guardías que le vigilan. Villefort iba a dejar marchar al muchacho pero le pregunta por el destinatario de la carta, Noirtier, y al conocer este dato hace arrestar a Dantés en el castillo de If. Noirtier es el padre de Villefort y no puede permitir que se le involucre en un asunto de traición ayudando al emperador a regresar a Francia, denegando todas sus posibilidades de llegar a ser una persona importante en el país.
El castillo de If en la actualidad. Allí es encerrado el protagonista de la novela.
Durante el encarcelamiento, Dantès comienza a desesperarse. Empieza rezando a Diospor su liberación, pero sigue sufriendo año tras año, y al tiempo intenta suicidarse dejando de comer. Al fallar en su intento de suicidio, ataca a un guardia cuando va a dejarle comida, igualmente falla y lo consideran un loco y lo trasladan a un calabozo para prisioneros altamente peligrosos. De nuevo intenta llegar a la inanición pero cuando está a punto de morir, recupera la voluntad para vivir al escuchar el sonido que producía otro prisionero al cavar para conseguir escapar. Poco después se encuentra con el otro prisionero, el abate Faria (personaje inspirado por José Custódio de Faria), que en su intento de escapar, cavó en dirección equivocada y llegó a la celda de Edmond, con quien forma una muy buena amistad, y llega a considerarlo como su hijo. Faria se convierte en su instructor en varios temas, desde la historia, las matemáticas, el lenguaje, filosofía, idiomas, física y química, mientras ya juntos, cavan hacia otro lado de la celda, intentado escapar del castillo. Como resultado de sus conversaciones con Faria, Dantès empieza a juntar las piezas de la historia que lo condenó a su penuria actual. Faria le hace ver que la carta acusadora fue escrita con una mano izquierda (en un claro intento por modificar la caligrafía) y por un obvio rencor hacia él. Edmond y Faria trabajan durante largas horas en el túnel para escapar, pero el viejo y frágil Faria no sobrevive para verlo terminado. Queda paralítico a causa de un segundo derrame cerebral (el primero le dio cuando aún se encontraba en libertad), y muere en el tercer derrame. Viéndose moribundo, Faria le confía a Dantès el escondite de un gran tesoro en la isla de Montecristo que ascendía a lo que hoy serían aproximadamente 14 000 millones de dólares, él, sorprendido, al principio desconfía del abate por ser ese el tema que le ganó su apodo de «el abate loco» por los guardias. Al morir Faria, los guardias envuelven su cuerpo en una pesada manta, a Dantès se le ocurre ocupar el lugar del cadáver de Faria y llevar el verdadero cadáver a la otra celda. Los carceleros, en lugar de enterrar el cuerpo como él suponía, le atan una pesada bala y lo lanzan al mar por un barranco cercano.
Dantès escapa del sudario evitando las rocas y nada hasta una isla desierta donde pasa una noche tormentosa. Al día siguiente ve en el mar un barco naufragado, nada hacia los restos y ve otro barco que lo recoge, y Edmond se hace pasar por un náufrago a causa de la tormenta. Hace amistad con ellos, se rasura, cambia el nombre y se dedica durante un tiempo a ser contrabandista. Varias de las transacciones que hacían los contrabandistas eran en la isla de Montecristo, por ser ésta, una isla desierta, y sin ninguna atracción aparente; Edmond dedica varias horas y varios viajes, a conocer los alrededores de la isla, aún dudando de lo que su viejo amigo le dijera.
Un día, en la isla de Montecristo, sospechando donde está el tesoro, va a cazar una cabra para comer y finge caerse de las rocas, sus compañeros lo ayudan a moverse, pero él alega que está realmente lesionado, y que no se puede mover. Con la excusa de que podría retrasar la inminente expedición de los contrabandistas, les pide que se marchen y que vuelvan a por él seis días después, una vez terminado su trabajo. Una vez que Edmond pierde el barco de vista, se pone en pie y encuentra el tesoro.
Tiempo después, ocupando parte de la fortuna en hacerse un nombre, en investigaciones, y amasar más dinero, regresa a la ciudad de Marsella para retomar contacto con sus seres queridos, pero sólo halla desesperación. Toma distintas personalidades, desde un abate italiano a un banquero inglés, Edmond Dantès puede confirmar sus sospechas a través de Caderousse, (un antiguo vecino que fue cómplice de Danglars y Fernando), al que visita disfrazado de abate, fingiendo cumplir el último deseo de Edmond. De su antiguo vecino descubre que todos los que le traicionaron han triunfado en la vida; Fernando se ha convertido en un conde y par de Francia, Danglars en un barón y en el banquero más rico de París, y Villefort en la personificación de la justicia parisina como Procureur du Roi (Procurador del Rey, es decir el Fiscal del Reino o Fiscal General del Estado). Aún más, Fernando se ha casado con Mercédès y tienen un hijo, Alberto. Además, el viejo padre de Edmond murió antes de dos años, pues la única compañía que le quedaba, la de Mercédès, se va con la boda de ésta con Fernando, y acaba muriendo por una gastroenteritis, si bien se insinúa que es más por la pena.
Mientras tanto, los amigos de Edmond han sufrido en manos del destino. Al principio de la novela, Julien Morrel es el rico y amigable propietario de un negocio naval en alza. Pero durante el encarcelamiento de Edmond, Morrel sufrió una trágica serie de desventuras, entre ellas el hundimiento de su barco Faraón, y en el momento en el que Edmond regresa a Marsella no tienen nada más que a sus dos hijos, Julie y Maximilian, y unos cuantos criados leales. La compañía está al borde de la bancarrota, y Morrel piensa en suicidarse. Al descubrir esto, Dantès restituye anónimamente la fortuna de Morrel y un nuevo Faraón justo a tiempo, bajo el seudónimo de «Simbad el Marino».
Diez años después de su viaje a Marsella, Dantès empieza su búsqueda de venganza disfrazándose con el nombre de "Conde de Montecristo".
Manipula a Danglars para que le dé un "crédito ilimitado" de seis millones de francos, y manipula la bolsa para destruir la fortuna de Danglars, cobrando los seis millones sólo cuando Danglars está al borde de la bancarrota y forzándole a huir a Italia.
Montecristo tiene una esclavagriega, Haydée, cuya familia y hogar en Janina fueron destruidos por Fernando, que traiciona a Alí, el padre de Haydée, entregándolo a sus enemigos y causándole la muerte y la de su madre, cuando acababa de venderlas a un comprador de esclavos. Montecristo compra a Haydée tiempo después, cuando ella tenía 13 años, 9 años después de aquel hecho que aún recordaba la joven mujer; con el tiempo, ambos se enamoran. Montecristo manipula a Danglars para que investigue el suceso, que es publicado en un periódico. Al conocerse este hecho, Albert de Morcef, descubre que quien dio esta informacion a Danglars, fue Montecristo y le reta a un duelo. Esa misma noche, Mercedes le hace una visita al conde de Montecristo y, esta, sabiendo desde el principio que el conde era Edmond, le suplica por la vida de su hijo. Despues de una larga conversacion y de mostrarle la carta con la que le tendieron la trampa, Mercesdes decide abandonar a su marido e irse con su hijo. Fernando, al verse descubierto de su traición, y solo sin su familia, se suicida de un tiro en la cabeza en su despacho.
La familia de Villefort está dividida. Valentine, la hija que tuvo con su primera esposa Renée, va a heredar toda la fortuna de la familia, pero su segunda esposa, Héloïse, pretende reclamar la fortuna para su hijo Édouard. Montecristo conoce las intenciones de Héloïse y, de forma aparentemente inocente, le proporciona una toxina capaz de curar a una persona con una gota, y de matarla con una sobredosis. Héloïse mata a Barrois, un sirviente de la casa, tratando de asesinar al señor Noirtier, padre de Villefort; a los Saint-Méran, suegros de Villefort; e intenta asesinar también a Valentine.
Sin embargo, las cosas son más complicadas de lo que Dantès anticipó. Sus esfuerzos para destruir a sus enemigos y proteger a los pocos que le defendieron se entremezclan horriblemente. Maximilien Morrel se enamora de Valentine de Villefort, y Dantès los ayuda a fugarse juntos fingiendo la muerte de la joven. Al verse descubierta por su esposo, Héloïse envenena al pequeño Édouard y se suicida ella también. Todo esto hace que Dantès se cuestione su papel como agente de la venganza de Dios.
Viendo que su ira se iba extendiendo lentamente más allá de lo que él pretendía, Dantès cancela el resto de su plan y toma medidas para equilibrar las cosas. Aunque la venganza sobre sus enemigos no está completa del todo, deja en libertad a Danglars, no sin antes secuestrarlo en Roma gracias a su amigo Luigi Vampa, el bandido más temido de Italia, y haciéndole pasar hambre y cobrándole casi todo el resto de su fortuna por restos de comida, y finalmente le revela su verdadera identidad en la cima de su agonía. Edmond también indemniza a los que quedaron envueltos en el caos resultante, aplicándose así también sus propios criterios de justicia. En el proceso, se conforma con su propia humanidad y es capaz de encontrar cierto perdón para sus enemigos y para sí mismo.
Jean-Paul Bendit, conde de Montecristo, fue un noble francés que, en 1789, defendió los principios de la Revolución. Colaboró notablemente en la redacción de la Constitución de 1791, y fue detenido en 1792 acusado de traición. Al no encontrarse pruebas, fue puesto en libertad y asesinado posteriormente con ácido sulfúrico bajo el pretexto de una limpieza bucal, un método frecuente en la época, de lo que se deduce que él no intentó escapar de la muerte.[cita requerida]
Edmundo Dantès. Protagonista de la historia, traicionado por sus amigos, que aumentan su prestigio o consiguen poder a su costa. Cuando escapa del calabozo del castillo de If, y dueño de una gran fortuna, se venga de ellos adoptando disfraces y personalidades como El Maltés, El Conde de Montecristo, Simbad el Marino, El comisionista principal de la casa de Thompson y French, Abate Giaccomo Busoni, El señor Zaccone y Lord Wilmore.
Abate Faria. Sacerdote y erudito italiano. Traba amistad con Edmond mientras ambos son prisioneros en el Castillo de If, le enseña todos sus conocimientos. En sus últimos minutos de vida le revela el secreto del tesoro de Cesare Espada, oculto en la isla de Montecristo, y le conmina a encontrarlo.
Luigi Vampa. Un infame bandido italiano que opera en Roma y los alrededores. Secuestra a Albert de Morcerf y lo libera cuando el Conde de Montecristo lo visita en su guarida.
Haydèe. Princesa de Janina e hija del sultán Alí Pachá. Cuando éste fue traicionado y muerto por Fernand Mondego, Haydée fue vendida como esclava a los trece años y adquirida por Dantès.
Bertuccio. Mayordomo del conde de Montecristo. También tiene una historia muy interesante entremezclada con los intereses de Edmond: el cría a Benedetto junto a su cuñada.
Alí. Un esclavo mudo (le cortaron la lengua como condena), comprado por Montecristo en Oriente sobornando al sultán que lo iba a mandar al verdugo como parte de su condena. Se muestra incondicionalmente fiel y servicial al conde.
Bautista. Criado y contratado por el conde en París y que se convierte en su tercer hombre de confianza.
Jacopo Manfredi. Un pobre contrabandista que ayudó a Dantés a sobrevivir después de escaparse de prisión. Cuando Jacopo prueba
su lealtad desinteresada, Dantés le recompensa con su propia nave y tripulación.
Fernand Mondego, conde de Morcef. Primo de Mercédès, enamorado de ella desde hacía mucho tiempo. Traiciona a Edmond junto a Danglars conspirando contra él para poder casarse con su amor no correspondido, Mercédès.
Mercédès Herrera, condesa de Morcef. Prometida de Edmond Dantès al comienzo de la historia. Tras la desaparición de su amado, y creyéndolo muerto, se casa con Fernand y tiene un hijo.
Albert de Morcef, vizconde de Morcef. Hijo de Mercédès y Fernand Mondego, conde de Morcef. Mejor amigo de Franz d´Epinay, hace amistad con Montecristo en Roma.
Baron Danglars — Inicialmente el contador del mismo barco que Dantès. Ansía ser rico y poderoso, y ve a Dantès como un obstáculo para sus ambiciones. Durante la estancia de este en prisión, la suerte estuvo de su lado, se convierte en barón mediante su matrimonio con la baronesa viuda del banquero más rico de París, Herminie de Nargonne.
Herminie Danglars — Viuda del barón de Nargonne, casada en segundas nupcias con Danglars. En vida de su primer esposo, tuvo un romance con Villefort del que nació un hijo bastardo, Benedetto.
Eugénie Danglars — Hija del Baron Danglars y de Madame Danglars. Tiene cierto aprecio por la musica y se ve atraida por las mujeres dando a entender que es lesbiana. Esta a punto de casarse con Alberto de Morcef y despues con Andrea Cavalcanti Benedetto.
Gérard de Villefort. Siendo procurador real en provincias dictó un mandamiento para encarcelar a Edmond con el único fin de proteger a su padre y su carrera.
Héloïse de Villefort. Segunda esposa del procurador del rey, quien luego por su egoísmo envenena a toda la familia Villefort para que su hijo Édouard herede toda la fortuna familiar.
Noirtier. Un antiguo bonapartista vigoroso que ahora está paralítico por una apoplejía. Le cuidan su hijo Villefort, su nieta Valentine y el leal sirviente de la familia, Barrois.
Valentine de Villefort. Hija de Villefort y de su primera esposa, Renée de Saint-Méran. Ama a Morrel hijo, pero está prometida con el joven Franz d'Épinay.
Edouard de Villefort. Hijo de Villefort y de su segunda esposa Héloïse. Es un niño muy travieso.
La capital de la Ibiza, y núcleo más importante de la isla, es la ciudad de Ibiza. Para diferenciar el nombre de la isla con su capital, normalmente se conoce a ésta última como Ibiza ciudad, aunque los habitantes de la isla la conocen como ‘Vila’.
Todas las civilizaciones que pasaron por Ibiza, desde que los fenicios fundaron Ibiza en el 654 a.C., se instalaron en este mismo lugar. Precisamente los fenicios, eligieron un monte cercano a Ibiza conocido en la actualidad como Puig d’es Molins, como cementerio ya que consideraban que la isla de Ibiza era un lugar sagrado.
Cada nueva civilización, levantó sus edificios y murallas sobre las existentes de la población anterior. De este modo, han pasado por la isla fenicios, cartagineses, romanos, vándalos, bizantinos y árabes, que dejaron una gran huella en topónimos y costumbres, que aún se pueden observar en el folklore tradicional. En la actualidad,no puedes verlas huellas de todos los pueblos que pasaron por Ibiza, pero se puede afirmar que Ibiza ciudad se ha levantado sobre un auténtico museo ya que bajo tierra existen gran cantidad de edificios pertenecientes a otras épocas que se descubren en cada obra que se realiza.
Tras la conquista por parte de los catalanes en 1235 de la isla, la capital de la isla no varió su lugar estratégico junto al puerto. Hoy en día, la mayor parte de lugares interesantes que ver y visitar en Ibiza ciudad se concentran cerca del centro histórico de ‘Vila’.
Dalt Vila
Si hay alguna cosa que obligatoriamente tienes que ver en Ibiza Ciudad se trata de Dalt Vila. Se trata de la parte antigua de la capital, y está claramente diferenciada del porque se encuentra sobre un monte y, sobretodo, porque está encuadrada en unas impresionantes murallas renacentistas de decenas de metros de alto. Al casco antiguo de Ibiza se le conoce como “Dalt Vila” (la ciudad alta, traducido del ibicenco) en contraposición con el resto de Ibiza ciudad, conocido simplemente como Vila. La importancia de Dalt Vila es tal que las murallas fueron declaradas Patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1999.
Hay hasta un total de cinco puertas de acceso para acceder a Dalt Vila, aunque te recomendamos que visites la principal y más bonita, conocida como “Portal de ses Taules” justo al lado del “Mercat Vell” o mercado viejo el cual continúa en funcionamiento. Una vez pasada esta puerta se encuentra el Patio de Armas, donde estuvo el primer mercadillo hippie de la isla, y tras este patio, encontrarás la bonita Plaza de Vila con pequeñas tiendas y restaurantes. A partir de aquí se podrás elegir distintos recorridos para recorrer Dalt Vila. Lo ideal es no seguir ningún rumbo fijo, dejándote perder por las callas y sorprendiéndote de las cosas que podrás ver en esta zona.
Detalle de la catedral de Ibiza. De noche, Ibiza ofrece una imagen totalmente diferente.
Todos los itinerarios acabarán por conducirte a la parte alta de la ciudad donde se encuentra la Catedral, el punto más alto de Dalt Vila desde donde podrás ver unas excelentes vistas a buena parte de la isla de Ibiza. También te recomendamos que llegues hasta el Baluarte de Santa Llúçia, con vistas a toda la ciudad; y al Ayuntamiento, desde donde podrás ver una pequeña cala debajo de un acantilado y también podrás ver en el horizonte a nuestra vecina isla de Formentera.
Vara de Rey y Plaza del Parque
A pesar de que Dalt Vila es una zona histórica y muy pintoresca, la ausencia de un gran número de comercios, terrazas y restaurantes nos obliga a visitar Vara de Rey y la Plaza del Parque, dos plazas muy próximas.
Estos lugares se encuentran en el corazón de la ciudad de Ibiza y por ellas discurren, ineludiblemente, buena parte de los ibicencos y turistas que visitan la ciudad. Están animadas durante todo el año, especialmente durante el verano, y están rodeadas de una gran número de comercios, bares y terrazas para tomar algo o comer.
Vara de Rey es un paseo de unos 250 metros a cuyos lados se encuentran diversas tiendas, bares y restaurantes. La plaza está dedicada a Vara de Rey, un general ibicenco que murió heroicamente en la Guerra de Cuba y del que encontramos una estatua en el centro del Paseo.
En determinadas épocas del año, puedes encontrar mercadillos o distintas ferias de eventos (mercadillos artesanales, del libro, gastronómicos…). En uno de los extremos de la plaza encontramos también una oficina de información turística, donde además de conseguir mapas te podrán informar de rutas y cualquier cosa que te interese.
Entre las cosas que puedes hacer en esta zona de Ibiza, y más concretamente en Vara de Rey, recomendamos una actividad tan simple como pasear mirando los edificios de la zona, de arquitectura colonial, entre el que destaca el conocido edificio del hotel Montesol.
El Paseo Vara de Rey es uno de los lugares preferidos por los ibicencos para pasear y hacer compras
Esta zona también es perfecta para hacer compras durante todo el año. Además de las conocidas y omnipresentes tiendas del grupo Inditex, también encontrarás ‘tiendecitas’ de ropa y boutiques originales donde hacer compras a un precio asequible. La mayoría de estas tiendas se sitúan entre Vara de Rey y la Avenida Bartolomé Roselló.
Por otro lado, destacamos la plaza del Parque, un pequeño espacio situado entre Vara de Rey y las murallas de Dalt Vila. Es una plaza pequeña pero bien conocida por la cantidad de bares perfectos para tomar alguna copa, con un ambiente animado especialmente de noche. Tiene ambiente durante todo el año, pero es en el atardecer y durante la noche cuando encontraremos más ambiente y la plaza cobra más encanto. Sin embargo, creemos que vale la pena advertir que los dueños de esta plaza han visto el negocio y cobran entre 7-9 euros por un mojito.
El Puerto y el barrio de La Marina
Al final de la Avenida Bartolomé Roselló, llegaremos hasta el puerto de Ibiza. Entre el mar y la ciudad antigua de Dalt Vila encontraremos el antiguo barrio de pescadores, conocido como La Marina.
Pasear por el puerto te dará la oportunidad de ver numerosos barcos de recreo y de pescadores y, principalmente en julio y agosto, ver grandes yates y veleros de millones de euros atracados en este lugar. Ya que seguramente nunca podremos adquirir uno de estos barcos, merece la pena pasear por su lado. El puerto de Ibiza también es el lugar donde coger el ferry de Ibiza a Formentera y un lugar donde veremos a la gente más variopinta, desde artistas, hippies a multitud de turistas de cualquier nacionalidad.
Las estrechas y blancas calles del barrio de La Marina tienen mucho encanto para ir de compras
El Barrio de La Marina, donde tradicionalmente vivían los pescadores de Ibiza Ciudad, mantiene los edificios de hace un siglo y es el lugar donde se ubica un mercadillo hippie donde podemos encontrar recuerdos diversos. De mayo a octubre, hay una infinidad de tiendas y boutiques abiertas, restaurantes, bares, heladerías, etc.
Posiblemente, la zona de Ibiza Ciudad con más ambiente es la situada justo enfrente del monumento a los corsarios (el único en todo el mundo dedicado a los piratas), donde se ubican una gran cantidad de terrazas. Una de las mayores aficiones es simplemente sentarse y observar a la gente variopinta que pasea por la zona. Este lugar es también famoso por ser el lugar elegido por las discotecas para hacer desfiles de sus gogós (generalmente con poca ropa).
La calle Barcelona y el Carrer d’enmig también tiene una gran cantidad de terrazas perfectas para tomar algo y algunos restaurantes de diferentes precios, por lo que te recomendamos que mires antes la carta para no llevarte ningún susto. También es muy recomendable la Calle de la Virgen, una estrecha y larga calle donde la totalidad de bares y restaurantes que encontrarás son de ambiente homosexual.
El aspecto del puerto varía mucho entre verano e invierno, ya que entre los meses de octubre a abril no encontraremos prácticamente ninguna tienda, bar o terraza abierta. Las calles estarán completamente solitarias pero, sin embargo, una visita merece la pena ya que el encanto de las calles vacías evoca perfectamente el ambiente marinero que se vivía en la zona hace varias décadas. Independientemente de la época del año, una visita a La Marina es recomendable.
Destacamos también que entre el barrio de La Marina y Dalt Vila, se encuentra el barrio de Sa Penya. Este barrio también ha conservado una arquitectura tradicional, al igual que La Marina, pero el barrio de Sa Penya no tiene bares ni lugares pensados para el turismo (excepto la Calle de la Virgen) y tiene fama de no ser una zona muy segura, por lo que rogamos vigilen sus pertenencias.
Para hacer cantidad suficiente para dos personas necesitarás estos ingredientes:
80 mililitros de cachaça.
2 limas pequeñas (cortadas longitudinalmente, sin la médula)
2 o 3 cucharadas de azúcar blanco.
1 cucharada de zumo de limón fresco (opcional)
Mucho hielo picado.
Varias rodajas de limón para adornar.
La preparación de la caipirinha es bien sencilla. Primero se trocea la lima. A mi me gusta cortar la mitad en dados y la otra mitad en rodajas, los dados van al fondo del vaso bien machacados con las dos cucharadas de azúcar, mientras que las rodajas las reservo para decorar.
Una vez le hemos sacado todo el jugo a la lima del fondo, llenamos el vaso con hielo. La receta original es con cubitos normales y no hielo pilé, pero también hay que tener en cuenta que en Brasil hace mucho más calor, y hielo se derrite más rápido, así que mi recomendación es que optemos por el picado. Colocamos también las rodajas de lima entre el hielo.
Por último, vertemos cachaça hasta llenar el vaso (que no debe de ser muy grande), removemos ligeramente y servimos con dos o tres pajitas. Las pajitas son importantes porque esta bebida se debe tomar del fondo, donde está el jugo de lima y el azúcar, pues si bebemos de la parte de arriba solo encontraremos el sabor fuerte e inconfundible de la cachaça.
La caipirinha admite diversas variaciones en función del destilado utilizado. Cuando no hay cachaça a mano es normal recurrir al vodka para preparar caipiroskas, mientras que si se emplea ron blanco se conoce como caipirissima. Por último, también hay quien le añade al final un poco de granadina para endulzarlo (más aún) y darle un toque rosado.