BIENVENIDOS A MI BLOG !!!

"Líneas y Entre Líneas"...

... los invita a disfrutar , con otra mirada y con sus opiniones personales, de los encuentros y desencuentros en los distintos roles que hoy nos tocan vivir en la sociedad.

En este espacio, "La Educación" será el centro en torno al cual giren los distintos temas. A veces delirantes, otras veces reales, mutando de una expresión dura a una actitud tierna.

Así serán las interesantes propuestas y sugerencias hacia un mismo objetivo : "Convivir en Sociedad"


miércoles, 7 de octubre de 2015

Envejecer...


 El reto de envejecer.                                                                   by Andrea


La sabiduría no se adquiere -como muchas veces se piensa- solo con el paso de los años. Con esta inexorable realidad del paso del tiempo solo alcanzamos la vejez, el último de los ciclos vitales de nuestra existencia. Los referentes contemporáneos de sabiduría, madurez, ancianidad, vejez, entre otros adjetivos que refieren a la última etapa de la existencia, no permiten un imaginario y una aproximación armónica y tranquila a la llegada de esta etapa tan crucial en nuestras vidas.
Por el contrario, la palestra de mensajes de todo tipo están encaminados a negar este hecho, ofreciéndonos un sin fin de métodos, algunos a la disposición de la tecnología estética y otros a la disposición mental de alargar la eterna juventud -como si alguna de las etapas de la vida fuese eterna-.
Muy pocos mensajes están destinados a la tranquila aceptación y a la preparación espiritual de estos años que pueden darnos la oportunidad de hacer un cierre luminoso a nuestros paso por la Tierra. De todas maneras, hay que reconocer que este paradigma de alargar la juventud ha tenido algo de positivo: haber tomado las riendas de nuestra salud. Ya somos muchos los contemporáneos que no le damos el poder a la medicina o al médico convencional de la responsabilidad de nuestro bienestar físico. Estamos pendientes de la alimentación y sus beneficios de “según qué cosa tomo para qué otra”, de los beneficios del deporte, el movimiento físico y del ocio, todos aspectos necesarios para un bien-estar.
Esto ha sido un gran adelanto. Conjuntamente, es necesario asumir que en el camino de regreso a casa -y esto comienza a vislumbrarse en el horizonte a partir de los 60 o 65 años- hay que abrir tiempo para vivir los años de cierre, de saldar las cuentas, de acomodar, barrer y limpiar la casa; tareas que ya no hace falta que las pongamos afuera como hasta ahora, sino sirven como metáforas para nuestra casa interior. Una de las cosas que las mujeres debemos arreglar de esta casa, por ejemplo, es la aceptación del cambio de nuestro cuerpo.
En la concepción masculina de ver el mundo, el eterno femenino es eternamente joven y la identificación que nosotras mismas hacemos con el cuerpo es fatal; no nos sirve más que para generar ansiedades y frustraciones que nos llevan a la triste creencia de que la última etapa de la vida es solo decadencia, aunque sea cierto que al cuerpo le decae la turgencia y con ella los signos que hasta ahora nos hacían “hembras”. Y aunque suene poco correcto decir hembras, ese cuerpo con tus turgencias femeninas; los senos, caderas, vientre redondeado, cintura estrecha… que nos caracteriza como mujeres es el cuerpo con las dotaciones necesarias que se ponen en juego durante el periodo de fertilidad. Una vez terminado ese período – que es bastante largo- esos signos cambian, terminan su función y el mismo mandato biológico da paso a otras características, recordemos que la hembra humana es la única mamífera que tiene un período de su vida sin la posibilidad de fecundación, es por eso que esa fertilidad con sus signos se acaba, para dar paso a la fertilidad del pensamiento, del espíritu y del alma.
Quedarse identificada con aquel cuerpo es germen de frustraciones. Según en que pueblos originarios las mujeres, a partir de la edad de la Menopausia, seríamos las mujeres sabias, las cabezas pensantes de las tribus, las dueñas del consejo de ancianas y ancianos, las que transmiten las experiencias, las que tienen libertad para estar con los hombres que deseen, las que son soberanas de sí mismas y nadie las manda ni a nadie obedecen, las que no tienen más obligaciones sino las de velar por la armonía y belleza de la comunidad, en fin cada uno de estos pueblos tenía para las mujeres grandes un lugar de privilegio.
Nosotras adultas contemporáneas, mujeres que estamos abriendo el camino de otra forma de ver y vivir los años de madurez y vejez, tenemos el deber para con nosotras y para con las otras que vienen detrás, de cultivar cualidades que nos harán mujeres espléndidas, sabias, maduras de verdad, verdad.
Seremos más atrevidas que nuestras madres, nos reiremos más, seremos más soberanas y menos quejicas, más compasivas y menos juiciosas, más cachondas y menos reprimidas, no le tendremos miedo a la verdad y aborreceremos la mentira, alteraremos las cosas y no permitiremos alterarnos por “gran cosa” y ,sobre todo y por encima de todo, nos uniremos unas con las otras en un gran abrazo de sororidad – la hermandad femenina– y pasaremos de la rivalidad, así podremos reírnos juntas, orar juntas, llorar juntas…….nos queda mucho por delante….¡¡¡Buen viaje!!!
envejecer

jueves, 1 de octubre de 2015

El cáncer : secreto guardado

El Cáncer: el secreto mejor guardado

Otto Heinrich Warburg
Han pasado más de 8 décadas de este descubrimiento y nadie te ha contado que la causa de la mayor y gran parte de las enfermedades la generamos nosotros según nuestra errónea manera de alimentarnos, una enfermedad tan pero tan dura como “el cáncer” se puede evitar en un 99,99 % y hoy en el 2013 te siguen mintiendo cuando dicen no hay cura para este “mal”, todo esta unido, todo esta relacionado, industria alimenticia – farmacéutica.

Si te alimentas mal te enfermas y si te enfermas compras 

remedios.

Como bien saben voy recopilando información de muchos lugares, e indagando he
encontrado a un señor que se llama Heinrich Warburg (premio nobel 1931 por su tesis, 
la causa primaria y la prevención del cáncer).
Me ha llamado la atención, porque esta tesis es de 1931 y al día de hoy seguimos con
malos hábitos tanto físicos como alimentarios. Han pasado más de 80 años y seguimos
con las mismas costumbres, más malas que antes, porque en la alimentación hemos
perdido muchísima calidad.

Otto Heinrich Warburg (1883-1970). Premio Nobel 1931 por 

su tesis la causa primaria y la prevención.

En el año 1931 el científico Otto Heinrich Warburg (1883-1970) recibió el premio Nobel
por descubrir la causa primaria del cáncer en su tesis “La causa primaria y la prevención
del cáncer“. Según el Sr. Warburg, el cáncer es la consecuencia de una alimentación
antifisiológica y un estilo de vida antifisiológico.

¿Porqué?

Una alimentación antifisiologica (dieta basada en alimentos acidificantes y sedentarismo),
crea en nuestro organismo un entorno de acidez y éste, a su vez, provoca la expulsión del
oxígeno de las células. El Sr. Warburg afirmó:
“La falta de oxígeno y la acidosis son las dos caras de una misma moneda: cuando usted tiene uno, usted tiene el otro”.
“Las substancias ácidas rechazan el oxígeno; en cambio, las substancias alcalinas atraen el oxígeno”.
“Privar a una célula de oxígeno durante 48 horas puede convertirla en cancerosa”.
“Todas las células normales tienen un requisito absoluto para el oxígeno, pero las células cancerosas pueden vivir sin oxígeno (esta es una regla sin excepción)”.
“Los tejidos cancerosos son tejidos ácidos, mientras que los sanos son tejidos alcalinos”.
En su obra “El metabolismo de los tumores“, Warburg demostró que todas las formas de 
cáncer se caracterizan por dos condiciones básicas: la acidosis y la hipoxia (falta 
de oxígeno).
También descubrió que las células cancerosas son anaerobias (no respiran oxígeno) y
no pueden sobrevivir en presencia de altos niveles de oxígeno. En cambio, sobreviven
gracias a la glucosa siempre y cuando el entorno este libre de oxígeno.
Por lo tanto, el cáncer no sería nada más que un mecanismo de defensa que tienen
ciertas células del organismo para continuar con vida en un entorno ácido y carente de 
oxígeno.
Las células sanas viven en un entorno alcalino y oxigenado, lo cual permite su normal funcionamiento.
Una vez finalizado el proceso de la digestión, los alimentos generarán una condición
de acidez o alcalinidad al organismo en función de la calidad de las proteínas, los
hidratos de carbono, las grasas, los minerales y las vitaminas.
El resultado acidificante o alcalinizante se mide a través de una escala llamada PH,
cuyos valores se encuentran en un rango de 0 a 14, siendo el PH 7 un PH neutro.
Es importante saber cómo afectan a la salud los alimentos ácidos y alcalinos, ya que
para que las células funcionen en forma correcta y adecuada su PH debe ser
ligeramente alcalino.
En una persona sana el PH de la sangre se encuentra entre 7,40 y 7,45. Tener en
cuenta que si el PH sanguíneo cayera por debajo de 7 entraríamos en un estado de
coma próximo a la muerte.
Azúcar refinada y todos sus productos (el peor de todos: no tiene ni proteínas, ni
grasas, ni minerales, ni vitaminas; solo hidratos de carbono refinados que estresan
al páncreas. Su PH es de 2,1, es decir, que es altamente acidificante).
Carnes (todas).
Leche de vaca y todos sus derivados.
Sal refinada.
Harina refinada y todos sus derivados (pastas, galletitas, etc.).
Productos de panadería (la mayoría contienen grasas saturadas, margarina, sal, azúcar
y conservantes).
Margarinas.
Gaseosas.
Cafeína.
Alcohol.
Tabaco.
Medicinas.
Cualquier alimento cocinado (La cocción elimina el oxigeno y lo trasforma en ácido)
inclusive las verduras cocinadas.
Todo lo que contenga conservantes, colorantes, aromatizantes, estabilizantes, etc:
todos los alimentos envasados.
Constantemente la sangre se encuentra autorregulándose para no caer en acidez
metabólica, de esta forma garantiza el buen funcionamiento celular, optimizando el
metabolismo.
El organismo debería obtener de los alimentos las bases (minerales) para neutralizar
la acidez de la sangre de la metabolización, pero todos los alimentos ya citados
aportan muy poco y en contrapartida desmineralizan el organismo, sobre todo los
refinados. Hay que tener en cuenta que en el estilo de vida moderno estos alimentos
se consumen todos los días del año.

Alimentos Alcalinizantes (Saludables y favorables a la vida)

Todas las verduras crudas (algunas son ácidas pero dentro del organismo tienen
reacción alcalinizante, otras son levemente acidificantes pero consigo traen las bases
necesarias para su correcto equilibrio) y crudas aportan oxígeno, cocidas no.
Frutas, igual que las verduras, pero por ejemplo el limón tiene un PH aproximado de
2.2, pero dentro del organismo tiene un efecto altamente alcalinizante (quizás el más
poderoso de todos).
Las frutas aportan saludables cantidades de oxigeno.
Semillas: aparte de todos sus beneficios, son altamente alcalinizantes, como por
ejemplo las almendras.
Cereales integrales: El único cereal integral alcalinizante es el mijo, todos los demás 
son ligeramente acidificantes pero muy saludables. Todos deben consumirse 
cocidos.
La miel (es altamente alcalinizante).
La clorofila de las plantas (de cualquier planta) es altamente alcalinizante (sobre
todo el aloe vera).
El agua es importantísima para el aporte de oxigeno “La deshidratación crónica es
el estresante principal del cuerpo y la raíz de la mayor parte de las enfermedades
degenerativas” afirma el Dr. Feydoon Batmanghelidj
El ejercicio oxigena todo tu organismo, el sedentarismo lo desgasta.
El Doctor George w. Crile, de Cleverand, uno de los cirujanos más importantes del
mundo declara abiertamente: “Todas las muertes mal llamadas naturales no son
más que el punto terminal de una saturación de ácidos en el organismo”.
Contrario a lo anterior es totalmente imposible que un cáncer prolifere en una persona
que libere su cuerpo de la acidez, nutriéndose con alimentos que produzcan reacciones metabólicas alcalinas y aumentando el consumo del agua pura y que, a su vez, evite los
alimentos que originan dicha acidez, y se cuide de los elementos tóxicos.
En general el cáncer no se contagia ni se hereda…lo que se hereda son las costumbres alimenticias, ambientales y de vida que lo producen.”
Mencken escribió: “La lucha de la vida es en contra de la retención de ácido. El
envejecimiento, la falta de energía, el mal genio y los dolores de cabeza, enfermedades
del corazón, alergias, eczemas, urticaria, asma, cálculos y arteriosclerosis no son más
que la acumulación de ácidos.”
El Dr. Theodore A. Baroody dice en su libro “Alkalize or Die” (alcalinizar o morir):
“En realidad no importa el sin número de nombres de enfermedades. Lo que sí importa
es que todas provienen de la misma causa básica: muchos desechos ácidos en el cuerpo” .
El Dr. Robert O Young dijo: “El exceso de acidificación en el organismo es la causa de
las enfermedades degenerativas. Cuando se rompe el equilibrio y el organismo comienza
a producir y almacenar más acidez y desechos tóxicos de los que puede eliminar, entonces
se manifiestan diversas dolencias.

¿Y la quimioterapia?

La quimioterapia acidifica el organismo a tal extremo, que este debe recurrir a las reservas alcalinas de forma inmediata para neutralizar tanta acidez, sacrificando bases minerales
(Calcio, Magnesio, Potasio) depositadas en huesos, dientes, uñas, articulaciones y cabellos.
Es por ese motivo que se observa semejante degradación en las personas que reciben
este tratamiento, y entre tantas otras cosas, se les cae a gran velocidad el cabello.
Para el organismo no significa nada quedarse sin cabello, pero un PH acido significaría la
muerte.
¿Es necesario decir que esto no se da a conocer porque la industria del cáncer y la
quimioterapia son uno de los negocios mas multimillonarios que existen hoy en día?
¿Es necesario decir que la industria farmacéutica y la industria alimenticia son una sola
macabra entidad?
“Que el alimento sea tu medicina, que tu medicina sea el alimento”. Hipócrates.

Orígen de la Misa Criolla

La Misa Criolla y el Holocausto

Todos los seminaristas hablaban alemán, salvo dos monjitas que estaban a cargo de la cocina y a quienes el padre van Lun me presentó para ayudar a comunicarme, pues suponía que entendían español.”

“La realidad era que las hermanas Elizabeth Brückner (1899-1981) y Regina Brückner (1896-1967) habían vivido en Portugal, y algo de español entendían, lo cual fue para mí una salvación en todo sentido: por fin podía dialogar y, por añadidura, desde ese día, empecé a comer con ellas en la mesa de trabajo de la cocina.”

“Frecuentemente, desde la ventana de la cocina, contemplaba el magnífico paisaje semiboscoso, gloriosamente verde, con una enorme casona que a lo lejos se dibujaba de blanco con las últimas nieves de la primavera. Tanta belleza me producía sentimientos exultantes y, desde mis jóvenes años, me parecía estar un paso más arriba de la tierra.”

Ellas no compartían mi entusiasmo. No podían olvidar que esa casona y las tierras más distantes habían sido parte de un campo de concentración donde hubo alrededor de mil judíos prisioneros.”

Desde la distancia, las monjitas me contaron, podían imaginar el horror y el miedo. Sólo en voz muy baja llegaban noticias acerca del frío y del hambre. Una estricta regla castigaba con la horca -sin más trámite- a cualquiera que ayudara o simplemente tomara contacto con aquellos que esperaban su trágico destino.”

Pero Elizabeth y Regina habían elegido la misericordia y habían sido formadas para el valor, de modo que, noche tras noche, empaquetaban cuantos restos de comida podían y se acercaban sigilosamente al campo para dejar su ayuda en un hueco debajo del alambrado.”

“Durante ocho meses ese paquete desapareció cada día. Hasta que un día nadie retiró el paquete y tampoco los siguientes, que se fueron acumulando. La casa estaba vacía y los rumores esparcieron la noticia acerca del traslado de los prisioneros. El temido viaje se había iniciado, una vez más.”

Al finalizar el relato de mis queridas protectoras, sentí que tenía que escribir una obra, algo profundo, religioso, que honrara la vida, que involucrara a las personas más allá de sus creencias, de su raza, de su color u origen. Que se refiriera al hombre, a su dignidad, al valor, a la libertad, al respeto del hombre relacionado a Dios, como su Creador.

“Un día de 1954, tal vez del mes de mayo, estando en Liverpool, no puede resistir la tentación de subir a un barco, el Highland Chefstein, que iba a Buenos Aires donde me esperaban mi hija Laura, de cinco años y mis viejos, que superaban los setenta.
En aquel barco que atravesaba el Atlántico hacia el sur, empecé a rememorar el relato de las hermanitas Brückner y a pensar en toda la solidaridad humana, en todo el amor que había recibido de parte de gente extranjera con la que apenas podíamos comunicarnos por el desconocimiento mutuo de nuestras lenguas. Me conmovía pensar que todo lo que había recibido había sido exclusivamente por amor a mi música y a mi persona, hasta que comprendí que sólo podía agradecerles escribiendo en su homenaje una obra religiosa.”
“En esa búsqueda comencé a reunir información, y es así que tiempo después me encontré con el Padre Antonio Osvaldo Catena, amigo de la juventud en Santa Fe, mi ciudad natal, quien fue realmente el que transformó la base de lo que yo había escrito pensando en una canción religiosa, en una idea increíble: la posibilidad de componer una misa con ritmos y formas musicales de esta tierra.
 
 
 
 

Discurso completo del Papa en el Capitolio

El Pontífice habló ante los congresistas sobre inmigración, cambio climático, la familia y se pronunció en contra de la pena de muerte.

Les agradezco la invitación que me han hecho a que les dirija la palabra en esta sesión conjunta del Congreso en «la tierra de los libres y en la patria de los valientes». Me gustaría pensar que lo han hecho porque también yo soy un hijo de este gran continente, del que todos nosotros hemos recibido tanto y con el que tenemos una responsabilidad común.
Cada hijo o hija de un país tiene una misión, una responsabilidad personal y social. La de ustedes como Miembros del Congreso, por medio de la actividad legislativa, consiste en hacer que este País crezca como Nación. Ustedes son el rostro de su pueblo, sus representantes. Y están llamados a defender y custodiar la dignidad de sus conciudadanos en la búsqueda constante y exigente del bien común, pues éste es el principal desvelo de la política. La sociedad política perdura si se plantea, como vocación, satisfacer las necesidades comunes favoreciendo el crecimiento de todos sus miembros, especialmente de los que están en situación de mayor vulnerabilidad o riesgo. La actividad legislativa siempre está basada en la atención al pueblo. A eso han sido invitados, llamados, convocados por las urnas.
Se trata de una tarea que me recuerda la figura de Moisés en una doble perspectiva. Por un lado, el Patriarca y legislador del Pueblo de Israel simboliza la necesidad que tienen los pueblos de mantener la conciencia de unidad por medio de una legislación justa. Por otra parte, la figura de Moisés nos remite directamente a Dios y por lo tanto a la dignidad trascendente del ser humano. Moisés nos ofrece una buena síntesis de su labor: ustedes están invitados a proteger, por medio de la ley, la imagen y semejanza plasmada por Dios en cada rostro.
En esta perspectiva quisiera hoy no sólo dirigirme a ustedes, sino con ustedes y en ustedes a todo el pueblo de los Estados Unidos. Aquí junto con sus Representantes, quisiera tener la oportunidad de dialogar con miles de hombres y mujeres que luchan cada día para trabajar honradamente, para llevar el pan a su casa, para ahorrar y –poco a poco– conseguir una vida mejor para los suyos. Que no se resignan solamente a pagar sus impuestos, sino que –con su servicio silencioso– sostienen la convivencia. Que crean lazos de solidaridad por medio de iniciativas espontáneas pero también a través de organizaciones que buscan paliar el dolor de los más necesitados.
Me gustaría dialogar con tantos abuelos que atesoran la sabiduría forjada por los años e intentan de muchas maneras, especialmente a través del voluntariado, compartir sus experiencias y conocimientos. Sé que son muchos los que se jubilan pero no se retiran; siguen activos construyendo esta tierra. Me gustaría dialogar con todos esos jóvenes que luchan por sus deseos nobles y altos, que no se dejan atomizar por las ofertas fáciles, que saben enfrentar situaciones difíciles, fruto muchas veces de la inmadurez de los adultos. Con todos ustedes quisiera dialogar y me gustaría hacerlo a partir de la memoria de su pueblo.
Mi visita tiene lugar en un momento en que los hombres y mujeres de buena voluntad conmemoran el aniversario de algunos ilustres norteamericanos. Salvando los vaivenes de la historia y las ambigüedades propias de los seres humanos, con sus muchas diferencias y límites, estos hombres y mujeres apostaron, con trabajo, abnegación y hasta con su propia sangre, por forjar un futuro mejor. Con su vida plasmaron valores fundantes que viven para siempre en el alma de todo el pueblo. Un pueblo con alma puede pasar por muchas encrucijadas, tensiones y conflictos, pero logra siempre encontrar los recursos para salir adelante y hacerlo con dignidad. Estos hombres y mujeres nos aportan una hermenéutica, una manera de ver y analizar la realidad. Honrar su memoria, en medio de los conflictos, nos ayuda a recuperar, en el hoy de cada día, nuestras reservas culturales.
Me limito a mencionar cuatro de estos ciudadanos: Abraham Lincoln, Martin Luther King, Dorothy Day y Thomas Merton.
Estamos en el  ciento cincuenta aniversario del asesinato del Presidente Abraham Lincoln, el defensor de la libertad, que ha trabajado incansablemente para que «esta Nación, por la gracia de Dios, tenga una nueva aurora de libertad». Construir un futuro de libertad exige amor al bien común y colaboración con un espíritu de subsidiaridad y solidaridad.
Todos conocemos y estamos sumamente preocupados por la inquietante situación social y política de nuestro tiempo. El mundo es cada vez más un lugar de conflictos violentos, de odio nocivo, de sangrienta atrocidad, cometida incluso en el nombre de Dios y de la religión. Somos conscientes de que ninguna religión es inmune a diversas formas de aberración individual o de extremismo ideológico. Esto nos urge a estar atentos frente a cualquier tipo de fundamentalismo de índole religiosa o del tipo que fuere. Combatir la violencia perpetrada bajo el nombre de una religión, una ideología, o un sistema económico y, al mismo tiempo, proteger la libertad de las religiones, de las ideas, de las personas requiere un delicado equilibrio en el que tenemos que trabajar. Y, por otra parte, puede generarse una tentación a la que hemos de prestar especial atención: el reduccionismo simplista que divide la realidad en buenos y malos; permítanme usar la expresión: en justos y pecadores. El mundo contemporáneo con sus heridas, que sangran en tantos hermanos nuestros, nos convoca a afrontar todas las polarizaciones que pretenden dividirlo en dos bandos. Sabemos que en el afán  de querer liberarnos del enemigo exterior podemos caer en la tentación de ir alimentando el enemigo interior. Copiar el odio y la violencia del tirano y del asesino es la mejor manera de ocupar su lugar. A eso este pueblo dice: No.
Nuestra respuesta, en cambio, es de esperanza y de reconciliación, de paz y de justicia. Se nos pide tener el coraje y usar nuestra inteligencia para resolver las crisis geopolíticas y económicas que abundan hoy. También en el mundo desarrollado las consecuencias de estructuras y acciones injustas aparecen con mucha evidencia. Nuestro trabajo se centra en devolver la esperanza, corregir las injusticias, mantener la fe en los compromisos, promoviendo así la recuperación de las personas y de los pueblos. Ir hacia delante juntos, en un renovado espíritu de fraternidad y solidaridad, cooperando con entusiasmo al bien común.
El reto que tenemos que afrontar hoy nos pide una renovación del espíritu de colaboración que ha producido tanto bien a lo largo de la historia de los Estados Unidos. La complejidad, la gravedad y la urgencia de tal desafío exige poner en común los recursos y los talentos que poseemos y empeñarnos en sostenernos mutuamente, respetando las diferencias y las convicciones de conciencia.
En estas tierras, las diversas comunidades religiosas han ofrecido una gran ayuda para construir y reforzar la sociedad. Es importante, hoy como en el pasado, que la voz de la fe, que es una voz de fraternidad y de amor, que busca sacar lo mejor de cada persona y de cada sociedad, pueda seguir siendo escuchada. Tal cooperación es un potente instrumento en la lucha por erradicar las nuevas formas mundiales de esclavitud, que son fruto de grandes injusticias que pueden ser superadas sólo con nuevas políticas y consensos sociales.
Apelo aquí a la historia política de los Estados Unidos, donde la democracia está radicada en la mente del Pueblo. Toda actividad política debe servir y promover el bien de la persona humana y estar fundada en el respeto de su dignidad. «Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que han sido dotados por el Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos está la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad» (Declaración de Independencia, 4 julio 1776). Si es verdad que la política debe servir a la persona humana, se sigue que no puede ser esclava de la economía y de las finanzas. La política responde a la necesidad imperiosa de convivir para construir juntos el bien común posible, el de una comunidad que resigna intereses particulares para poder compartir, con justicia y paz, sus bienes, sus intereses, su vida social. No subestimo la dificultad que esto conlleva, pero los aliento en este esfuerzo.
En esta sede quiero recordar también la marcha que, cincuenta años atrás, Martin Luther King encabezó desde Selma a Montgomery, en la campaña por realizar el «sueño» de plenos derechos civiles y políticos para los afro-americanos. Su sueño sigue resonando en nuestros corazones. Me alegro de que Estados Unidos siga siendo para muchos la tierra de los «sueños». Sueños que movilizan a la acción, a la participación, al compromiso. Sueños que despiertan lo que de más profundo y auténtico hay en los pueblos.
En los últimos siglos, millones de personas han alcanzado esta tierra persiguiendo el sueño de poder construir su propio futuro en libertad. Nosotros, pertenecientes a este continente, no nos asustamos de los extranjeros, porque muchos de nosotros hace tiempo fuimos extranjeros. Les hablo como hijo de inmigrantes, como muchos de ustedes que son descendientes de inmigrantes. Trágicamente, los derechos de cuantos vivieron aquí mucho antes que nosotros no siempre fueron respetados. A estos pueblos y a sus naciones, desde el corazón de la democracia norteamericana, deseo reafirmarles mi más alta estima y reconocimiento. Aquellos primeros contactos fueron bastantes convulsos y sangrientos, pero es difícil enjuiciar el pasado con los criterios del presente. Sin embargo, cuando el extranjero nos interpela, no podemos cometer los pecados y los errores del pasado. Debemos elegir la posibilidad de vivir ahora en el mundo más noble y justo posible, mientras formamos las nuevas generaciones, con una educación que no puede dar nunca la espalda a los «vecinos», a todo lo que nos rodea. Construir una nación nos lleva a pensarnos siempre en relación con otros, saliendo de la lógica de enemigo para pasar a la lógica de la recíproca subsidiaridad, dando lo mejor de nosotros. Confío que lo haremos.
Nuestro mundo está afrontando una crisis de refugiados sin precedentes desde los tiempos de la II Guerra Mundial. Lo que representa grandes desafíos y decisiones difíciles de tomar. A lo que se suma, en este continente, las miles de personas que se ven obligadas a viajar hacia el norte en búsqueda de una vida mejor para sí y para sus seres queridos, en un anhelo de vida con mayores oportunidades. ¿Acaso no es lo que nosotros queremos para nuestros hijos? No debemos dejarnos intimidar por los números, más bien mirar a las personas, sus rostros, escuchar sus historias mientras luchamos por asegurarles nuestra mejor respuesta a su situación. Una respuesta que siempre será humana, justa y fraterna. Cuidémonos de una tentación contemporánea: descartar todo lo que moleste. Recordemos la regla de oro: «Hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes» (Mt 7,12).
Esta regla nos da un parámetro de acción bien preciso: tratemos a los demás con la misma pasión y compasión con la que queremos ser tratados. Busquemos para los demás las mismas posibilidades que deseamos para nosotros. Acompañemos el crecimiento de los otros como queremos ser acompañados. En definitiva: queremos seguridad, demos seguridad; queremos vida, demos vida; queremos oportunidades, brindemos oportunidades. El parámetro que usemos para los demás será el parámetro que el tiempo usará con nosotros. La regla de oro nos recuerda la responsabilidad que tenemos de custodiar y defender la vida humana en todas las etapas de su desarrollo.
Esta certeza es la que me ha llevado, desde el principio de mi ministerio, a trabajar en diferentes niveles para solicitar la abolición mundial de la pena de muerte. Estoy convencido que este es el mejor camino, porque cada vida es sagrada, cada persona humana está dotada de una dignidad inalienable y la sociedad sólo puede  beneficiarse en la rehabilitación de aquellos que han cometido algún delito. Recientemente, mis hermanos Obispos aquí, en los Estados Unidos, han renovado el llamamiento para la abolición de la pena capital. No sólo me uno con mi apoyo, sino que animo y aliento a cuantos están convencidos de que una pena justa y necesaria nunca debe excluir la dimensión de la esperanza y el objetivo de la rehabilitación.
En estos tiempos en que las cuestiones sociales son tan importantes, no puedo dejar de nombrar a la Sierva de Dios Dorothy Day, fundadora del Movimiento del trabajador católico. Su activismo social, su pasión por la justicia y la causa de los oprimidos estaban inspirados en el Evangelio, en su fe y en el ejemplo de los santos.
¡Cuánto se ha progresado, en este sentido, en tantas partes del mundo! ¡Cuánto se viene trabajando en estos primeros años del tercer milenio para sacar a las personas de la extrema pobreza! Sé que comparten mi convicción de que todavía se debe hacer mucho más y que, en momentos de crisis y de dificultad económica, no se puede perder el espíritu de solidaridad internacional. Al mismo tiempo, quiero alentarlos a recordar cuán cercanos a nosotros son hoy los prisioneros de la trampa de la pobreza. También a estas personas debemos ofrecerles esperanza. La lucha contra la pobreza y el hambre ha de ser combatida constantemente, en sus muchos frentes, especialmente en las causas que las provocan. Sé que gran parte del pueblo norteamericano hoy, como ha sucedido en el pasado, está haciéndole frente a este problema.
No es necesario repetir que parte de este gran trabajo está constituido por la creación y distribución de la riqueza. El justo uso de los recursos naturales, la aplicación de soluciones tecnológicas y la guía del espíritu emprendedor son parte indispensable de una economía que busca ser moderna pero especialmente solidaria y sustentable. «La actividad empresarial, que es una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos, puede ser una manera muy fecunda de promover la región donde instala sus emprendimientos, sobre todo si entiende que la creación de puestos de trabajo es parte ineludible de su servicio al bien común» (Laudato si’, 129). Y este bien común incluye también la tierra, tema central de la Encíclica que he escrito recientemente para «entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común» (ibíd., 3). «Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos» (ibíd., 14).
En Laudato si’, aliento el esfuerzo valiente y responsable para «reorientar el rumbo» (N. 61) y para evitar las más grandes consecuencias que surgen del degrado ambiental provocado por la actividad humana. Estoy convencido de que podemos marcar la diferencia y no tengo alguna duda de que los Estados Unidos –y este Congreso– están llamados a tener un papel importante. Ahora es el tiempo de acciones valientes y de estrategias para implementar una «cultura del cuidado» (ibíd., 231) y una «aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza» (ibíd., 139). La libertad humana es capaz de limitar la técnica (cf. ibíd., 112); de interpelar «nuestra inteligencia para reconocer cómo deberíamos orientar, cultivar y limitar nuestro poder» (ibíd., 78); de poner la técnica al «servicio de otro tipo de progreso más sano, más humano, más social, más integral» (ibíd., 112). Sé y confío que sus excelentes instituciones académicas y de investigación pueden hacer una contribución vital en los próximos años.
Un siglo atrás, al inicio de la Gran Guerra, «masacre inútil», en palabras del Papa Benedicto XV, nace otro gran norteamericano, el monje cisterciense Thomas Merton. Él sigue siendo fuente de inspiración espiritual y guía para muchos. En su autobiografía escribió: «Aunque libre por naturaleza y a imagen de Dios, con todo, y a imagen del mundo al cual había venido, también fui prisionero de mi propia violencia y egoísmo. El mundo era trasunto del infierno, abarrotado de hombres como yo, que le amaban y también le aborrecían. Habían nacido para amarle y, sin embargo, vivían con temor y ansias desesperadas y enfrentadas». Merton fue sobre todo un hombre de oración, un pensador que desafió las certezas de su tiempo y abrió horizontes nuevos para las almas y para la Iglesia; fue también un hombre de diálogo, un promotor de la paz entre pueblos y religiones.
En tal perspectiva de diálogo, deseo reconocer los esfuerzos que se han realizado en los últimos meses y que ayudan a superar las históricas diferencias ligadas a dolorosos episodios del pasado. Es mi deber construir puentes y ayudar lo más posible a que todos los hombres y mujeres puedan hacerlo. Cuando países que han estado en conflicto retoman el camino del diálogo, que podría haber estado interrumpido por motivos legítimos, se abren nuevos horizontes para todos. Esto ha requerido y requiere coraje, audacia, lo cual no significa falta de responsabilidad. Un buen político es aquel que, teniendo en mente los intereses de todos, toma el momento con un espíritu abierto y pragmático. Un buen político opta siempre por generar procesos más que por ocupar espacios (cf. Evangelii gaudium, 222-223).
Igualmente, ser un agente de diálogo y de paz significa estar verdaderamente determinado a atenuar y, en último término, a acabar con los muchos conflictos armados que afligen nuestro mundo. Y sobre esto hemos de ponernos un interrogante: ¿por qué las armas letales son vendidas a aquellos que pretenden infligir un sufrimiento indecible sobre los individuos y la sociedad? Tristemente, la respuesta, que todos conocemos, es simplemente por dinero; un dinero impregnado de sangre, y muchas veces de sangre inocente. Frente al silencio vergonzoso y cómplice, es nuestro deber afrontar el problema y acabar con el tráfico de armas.
Tres hijos y una hija de esta tierra, cuatro personas, cuatro sueños: Abraham Lincoln, la libertad; Martin Luther King, una libertad que se vive en la pluralidad y la no exclusión; Dorothy Day, la justicia social y los derechos de las personas; y Thomas Merton, la capacidad de diálogo y la apertura a Dios.
Cuatro representantes del pueblo norteamericano.
Terminaré mi visita a su País en Filadelfia, donde participaré en el Encuentro Mundial de las Familias. He querido que en todo este Viaje Apostólico la familia fuese un tema recurrente. Cuán fundamental ha sido la familia en la construcción de este País. Y cuán digna sigue siendo de nuestro apoyo y aliento. No puedo esconder mi preocupación por la familia, que está amenazada, quizás como nunca, desde el interior y desde el exterior. Las relaciones fundamentales son puestas en duda, como el mismo fundamento del matrimonio y de la familia. No puedo más que confirmar no sólo la importancia, sino por sobre todo, la riqueza y la belleza de vivir en familia.
De modo particular quisiera llamar su atención sobre aquellos componentes de la familia que parecen ser los más vulnerables, es decir, los jóvenes. Muchos tienen delante un futuro lleno de innumerables posibilidades, muchos otros parecen desorientados y sin sentido, prisioneros en un laberinto de violencia, de abuso y desesperación. Sus problemas son nuestros problemas. No nos es posible eludirlos. Hay que afrontarlos juntos, hablar y buscar soluciones más allá del simple tratamiento nominal de las cuestiones. Aun a riesgo de simplificar, podríamos decir que existe una cultura tal que empuja a muchos jóvenes a no poder formar una familia porque están privados de oportunidades de futuro. Sin embargo, esa misma cultura concede a muchos otros, por el contrario, tantas oportunidades, que también ellos se ven disuadidos de formar una familia.
Una Nación es considerada grande cuando defiende la libertad, como hizo Abraham Lincoln; cuando genera una cultura que permita a sus hombres «soñar» con plenitud de derechos para sus hermanos y hermanas, como intentó hacer Martin Luther King; cuando lucha por la justicia y la causa de los oprimidos, como hizo Dorothy Day en su incesante trabajo; siendo fruto de una fe que se hace diálogo y siembra paz, al estilo contemplativo de Merton.
Me he animado a esbozar algunas de las riquezas de su patrimonio cultural, del alma de su pueblo. Me gustaría que esta alma siga tomando forma y crezca, para que los jóvenes puedan heredar y vivir en una tierra que ha permitido a muchos soñar. Que Dios bendiga a América. 
Fuente: Radio Vaticana. 

No te mueras con tus muertos...

de René Trossero

Tu propia muerte te asusta y la muerte de tus seres queridos te duele.
No voy a escribir una sola palabra para superar tu miedo o suprimir tu dolor, porque no tengo esa palabra mágica.
Tú verás como enfrentar tu propia muerte.
Yo solo quisiera compartir contigo algunas cosas simples, para que te duelas sanamente y hagas tu dolor más llevadero, ante la muerte de los tuyos. Y eso es todo.
Que te duelas, dije, sanamente, a causa de tus muertos, que te deprimas un tanto y un tiempo, pero no que no puedas vivir, que te dejes morir porque murió tu madre, tu padre o tu hermano, tu esposa, o tu esposo, tu hijo o tu amigo… yo quisiera ayudarte si me es posible y si tu quieres, a que sufras sanamente, para segur viviendo; porque he visto a muchos MORIRSE CON SUS MUERTOS.
Tus muertos ya murieron, y en tu mente ya lo sabes, pero tu corazón necesita tiempo para saber y aceptar que ya partieron, por eso tu dolor resurge como nuevo, ante esa mesa familiar donde un lugar quedó vacío, en esa navidad donde alguien falta, en ese nacimiento sin abuelo, en ese año nuevo en que se brinda y alguien ya no levanta la copa…
Así es el corazón humano, siempre vive de a poco lo que la razón sabe de golpe.
¡Para la mente los muertos mueren una sola vez, para el corazón muere muchas veces…!
Resucitarán para ti…
Tus muertos resucitarán para ti, “para ti”…
Cuando hayas aceptado que “murieron para ti”; solo los recuperas en su regreso, cuando aceptaste su partida ¡no es posible la alegría del reencuentro sin sufrir el dolor de la despedida!
No te mueras con tus muertos; ¡llora la siembra de ayer con la esperanza puesta en la cosecha del mañana! acepta que la muerte de tus seres queridos te despierta mucha rabia, aunque sepas por qué y aunque quieras sentirla.
Tu resistencia ante la muerte te hace revelarte, aunque no sepas del todo contra quien hacerlo… ¿Contra Dios…? ¿Contra tus muertos… porque te abandonaron? ¿Contra….?
No te mueras con tus muertos; ¡Déjalos dormir su tiempo como duerme la oruga en su crisálida, esperando la primavera para hacerse mariposa!
Dios no es menos Dios, más justo o más injusto, más bueno o más malo, cuando naces que cuando mueres.
O crees en el siempre, o no crees nunca; pero una cosa es creer en él y otra creer en tus explicaciones.
¡Ante la muerte se acaban tus explicaciones!
No te tortures sintiéndote culpable antes tus muertos ¡los muertos no cobran deudas!
¡Además, si hoy resucitaran, volverías a ser con ellos como fuiste!
¿O no sabías con certeza que un día iban a morir?
No te mueras con tus muertos; muéstrales más bien, que como el árbol podado en el invierno lejos de morirte, retoñas vistiendo tu desnudez ¡devolviendo frutos por heridas!
Acepta y date cuenta, que tus muertos te plantean un serio desafío: el de tener una respuesta para el sentido de tu vida.
Porque mientras no sabes para que murieron, tampoco sabes para que vives tú.
¿O no piensas morir?
Ante tus muertos queridos, tu corazón tiene mil interrogantes y tu razón ninguna respuesta.
Resolverás mejor la cosa, cuando preguntes menos y aceptes más.
Las flores que regalas a tus muertos hablan de la vida y la esperanza.
También en tu corazón duermen la vida y la esperanza, esperando que tú las despiertes para segur viviendo esperanzado.
Parte del dolor que te golpea cuando despides a tus muertos, se debe a una pregunta que golpea en tu interior, interrogando por el sentido de la vida.
Si respondes de verdad, sincera y frontalmente, gracias a la muerte de tus muertos, tu vivirás más plena y auténticamente.
Autor: René J. Trossero